Llegar a la Habana es sin duda alguna un maravilloso viaje en el tiempo, donde las horas transcurren fuera del bullicio de la tecnología. La belleza de su arquitectura, sus edificios, los autos y su gente invitan a adentrarse a sus calles.

Al iniciar el recorrido por esta capital es recomendable hacerlo por la parte de La Habana vieja, donde encontraremos concentrada la mayor parte de la historia de este cálido rincón; increíbles lugares como la plaza de la catedral donde un helado sería un compañero perfecto, continuando la visita por el Castillo de la Real Fuerza, y la Plaza de Armas. Estando en esta área podemos aprovechar para comer, dos opciones son El Floridita donde no puedes dejar de tomarte la selfie junto al busto de Hemingway y la Bodeguita del Medio, donde los mojitos son de lo mejor, lugares ambos que no se pueden dejar de visitar.

Caminar por el malecón habanero y escuchar el golpeteo de las olas, donde podemos hacer una pausa en una de sus bancas, disfrutar de la brisa del mar y tener una de las vistas mas relajantes de la capital cubana, siendo una de las mejores experiencias de esta parada el tener la oportunidad de entablar una conversación con algún local de esta ciudad del Caribe, siempre dispuestos a platicar con el turista. Cabe mencionar que La Habana es una ciudad segura, tomando en cuenta las medidas básicas como en cualquier viaje.

Un recorrido en los fabulosos autos de época nos darán una panorámica de la ciudad, y podremos visitar lugares como El Morro ó la casa del Che.

Alrededor de las 21:00hrs podremos escuchar el esperado cañonazo de las nueve, es el disparo de un cañón que se realiza desde la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña cerca del Morro en una ceremonia que recrea un desfile militar de época.

Es una isla perfecta para los amantes de la vida nocturna en la que desde tempranas horas, se puede escuchar la avivante música que llena de ritmo y colorido las calles. Desde el mambo, la salsa y el cha cha cha, son algunos de los ritmos que disfrutaremos a lo largo de la noche y nos recordaran a cada momento que estamos en Cuba.

Miramar y el Vedado concentran la mayoría de los clubes de La Habana, un daiquiri o un mojito serian ideales para iniciar la noche, aunque muchos de los lugareños inician en la calle con un aplastadito “una bebida de ron”.

El arte es una mas de las pasiones cubanas: baile, canto y pintura. El festival internacional de Ballet así como el Carnaval de Santiago cada año incitan al turista a visitar este paraíso.

Antes de partir hay que ir al mercado de artesanías, siendo este el mas grande de la ciudad y ahí podremos comprar desde un llavero, hasta increíbles pinturas de artistas locales, a precios sumamente accesibles.

Ya que estas en La Habana, y si no quieres dejar de broncearte, el que esta ciudad no tenga playas turísticas propiamente no debe ser la razón para no hacerlo, la recomendación es trasladarse a unos 30 kilómetros de la capital y encontrarnos con otro de los espectaculares atractivos de la isla, sus playas de arena blanca, encontraremos unas hermosas playas que forman el llamado circuito azul, Boca Ciega, Bacuranao, Guanabo, Megano, Santa María del Mar.

La Habana, un lugar increíble detenido en el tiempo donde los lujos y la tecnología dejan de ser imprescindibles.

Nos leemos pronto, desde alguna otra increíble ciudad.
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